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    Volver: No es solo un sueño

    Estabamos abrazados frente a la pila de diarios en venta del kiosco. Era el Parque Lezama, en la esquina frente al Bar Británico. Hacia frío, mucho frio. Ella llevaba puesta una gruesa gabardina negra, un gorro de lana y una bufanda del mismo color. Tomabamos cafe caliente en vasos descartables que habremos comprado en algún lugar cercano. No hablabamos, solamente ahi estabamos, abrazados. Pero no ibamos abrazados por el frío. Algo pasaba entre nosotros.

    Ella es compañera mia de trabajo, conductora de algún programa del canal.

    Caminamos un rato juntos pero no recuerdo hacia donde.

    El canal había cambiado de lugar. No era el enorme edificio de 6 estudios lleno de máquinas, muchas de ellas obsoletas, con goteras y luz por doquier.

    Ahora, al menos el noticiero, estaba en un moderno edificio de Puerto Madero, lleno de escritorios de diseño, televisores y monitores de última generación y una iluminación que hacia del lugar un sitio cálido aunque vertiginoso.

    Se entraba al piso por una enorme puerta vidriada de dos hojas. Lo primero que se veía eran unos enormes mostradores de una empresa de alquiler de automoviles. No entendía que hacian allí esas preciosas niñas detrás de esos mostradores. ¿Será que ahora los camarógrafos salen con autos alquilados? pensé.

    Los estudios parecian no estar allí. Ese lugar era solamente el corazón del área de noticias.

    Los productores iban y venían, llevando y trayendo discos y material digital.

    Los grandes popes históricos del periodismo estaban alli, algunos de los cuales ya están muertos.

    Parado en ese lugar me sentía mal. Tanto tiempo alejado, sin ver televisión, sin escuchar o leer una noticia y ahora caía en medio de esta vorágine y sin ganas de hacer absolutamente nada ahi. Algunos me miraban mientras pasaban junto a mi hacia algún lugar.

    Pero Fernando además de mirarme, me inquirió porque no hacia nada. No le contesté. Me queria ir. No entendía que hacia alli.

    Al instante que sentí la necesidad de huir el piso comenzó a moverse, a caer. Fernando empezo a irse hacia atrás y nos dimos cuenta que el edificio se caía con nosotros dentro.

    Corrimos rápido, lo más rápido que pudimos. Fernando era veloz, muy veloz. Bajaba las grandes escaleras de a diez escalones mientras yo apenas podía bajar de a uno. Me desesperé. Quería salir de allí.

    Al abrir los ojos tenia frente a mi al cerro Chapelco, era de día, luminoso, tranquilo y silencioso, como los ultimos veinte. Me di cuenta que todo tiene su final y que tarde o temprano tendría que volver a la realidad.

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