
Tegucigalpa es un laberinto. No parece haber avenidas. A las 17 horas los autos se amontonan en pequeñas calles de doble mano que no parecen tener rectas. Todas son curvas y contracurvas. En ellas los conductores hacen piruetas para no tocarse y llevan adelante maniobras que en cualquier otro país del mundo merecerían una enorme multa.
Tegucigalpa es una olla, profunda, calurosa y húmeda.
- Aquí, nos dice un animado conserje de hotel, hace calor o, en su defecto, mucho calor.
Pocos son los edificios que superan los dos o tres pisos de altura. Tegucigalpa recuerda a algún poblado de casas bajas y por momentos a alguna fabela carioca.
Como en gran parte de Latinoamérica, los tegucigalpenses son amables, parecen no levantar nunca la voz y están siempre dispuestos a la sonrisa.
Esta es la capital de un país convulsionado por un golpe de estado civico militar y por un presidente depuesto que quiere volver, aparentemente, a lo que de lugar.
- En Honduras es tradición que todo el mundo este armado hasta los dientes- nos dice un comerciante.
- Aquí cualquiera puede conseguir un arma en menos de una hora – sostiene un taxista.
Eso es lo que hace que la gente de Manuel Zelaya teme por lo que pueda pasar hoy, cuando vayan a esperar a su lider a la frontera con Nicaragua.
En unas horas dejaremos Tegucigalpa para tomar rumbo sur hacia ¨Las Manos¨, un poblado nicaraguense pegado a la frontera. Es posible que allí se escriba un día histórico para la vida Latinoamericana.

creo que es lo mejor de éste vieje, ser parte de un hecho y un momento histórico. Siempre dije que latinoamérica no me parecía ni pintoresca. Pero mi poco conocimiento de la región me llevó a pensar que también la situación política y social de estos paises son parte de su paisaje. La situación de olla, que conocí en Bogotá, el calor y la humedad que genera, los cielos nublados corresponden a cierto tipo de opresión y claustrofobia que al menos yo sentí por momentos. El desorden del tránsito que te mantiene siempre alerta, los ruidos, las bocinas, los barrios en las montañas que parece que se te vienen encima. Hay que verlo, pero insisto, cuando estás ahí crees que el realismo mágico es una realidad posible.
Buena nota Tomy…me gusta tu descripción de Tegucigalpa, seguí contando si recorrés más.
Besos!
Pingback: Tegucigalpa: Una ciudad laberinto en un país laberinto