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    Productividad: Premiar o castigar

    El Jefe de Gobierno Porteño, Mauricio Macri, instaló por decreto la paga de un premio por productividad a los funcionarios que cumplan con objetivos de gestión.

    En todas las crónicas y notas de opinión en donde se habla del tema solo se mencionan los ¨premios¨pero nunca se habla de castigos y podría ser uno de los problemas de la baja productividad.

    ¿Se produce más cuando nos prometen premios o más paga? ¿Se produce más cuando nos sentimos seguros en nuestro trabajo? ¿ O se produce más, en cambio, cuando sabemos que no estamos tan seguros y que recibiremos un castigo si no cumplimos como es debido?

    ¿Qué ocurre en aquellos lugares en donde tiene más poder la comisión interna gremial que los propios directivos de la empresa o repartición? En muchas empresas los exagerados logros obtenidos por los empleados en diversas formas atentan contra el buen funcionamiento de la misma.

    En aquellas estructuras que es dificil sancionar o, llegando a un extremo, despedir a alguien se termina afincando la idea que todo es posible, que cada uno puede hacer lo que quiera y que nunca pasara nada.

    Si a eso le sumamos buenos sueldos (como debe ser), la fórmula se torna casi irremediable. Sin llegar a los extremos que suelen utilizar algunas empresas ni a comportamientos despóticos y sin que los trabjadores trabajen con miedo constantemente, trabajar teniendo claro que la falta de productividad o, como mínimo, el no cumplimiento de los objetivos mínimos necesarios serán castigados de alguna manera debería ser otra forma también de mantener la productividad general de una empresa.

    Premiar es una buena opción, pero puede resultar mejor si se lo acompaña también con la posibilidad de los castigos. Ea también una forma de incentivar al que cumple y produce.

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