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    Islas Malvinas: Homenajeando al Crucero General Belgrano

    En 1998 viaje por primer vez a las Islas Malvinas. Meses después tuve la suerte de visitar un lugar que sentenció el destino de guerra que tendrían aquellos días.

    A bordo del Rompehielos Almirante Irizar llegamos hasta el lugar en donde fue hundido el Crucero General Belgrano, allí murieron la mayor parte de los caídos durante el conflicto. El objetivo era realizar un acto homenaje.

    La ciudad de Ushuaia fue el punto de partida de esta travesía. Allí nos esperaba el histórico buque Argentino. Lo abordamos junto a familiares de caídos en el Crucero y a veteranos que formaron parte de la tripulación.

    Nunca había realizado un viaje en barco por lo que todo el ritual de adaptarse a un lugar asi, encontrar tu camarote, conocer las rutinas de vida y demás, aún en las pocas horas que estaríamos allí, fue toda una novedad.

    Todo dentro de un barco de estas características está lejos de ser confortable, todo está comprimido. Nos llevaron hasta las literas que teníamos otorgadas, nos explicaron las pautas mínimas de comportamiento dentro del buque y nos dejaron para que nos ubicáramos y pudiéramos comenzar a trabajar en la realización de las notas para nuestros medios.

    El buque abandona la ciudad de Ushuaia con mucha tranquilidad permitiéndonos apreciar toda la belleza de la cadena montañosa que la protege. Recorrimos el Canal de Beagle y al poco tiempo estabamos en mar abierto pasando al sur de la Islas de los Estados, donde los flojos citadinos comenzamos a sufrir los avatares del mar.

    El estrecho Le Maire separa a la Isla de Tierra del Fuego de la Isla de Los Estados y provoca fuertes corrientes que mecían levemente al buque, aunque el tiempo era bueno y el Irizar tiene aletas estabilizadoras.

    No tarde mucho en sentirme mareado y encontré que solo dos lugares me calmaban un poco: La cubierta exterior donde el aire frío me ayudaba o la litera en donde recostado encontraba algo de calma.

    Dentro del buque todo es cerrado, no hay ventanas ni en los baños ni en los salones donde se come, esto aumenta aún más la sensción de mareo. Uno siente que todo se mueve pero todo esta quieto.

    Así llegué al comedor a la hora de la cena, me senté y pusieron frente a mi una gran milanesa con pure de papas. La mire y luego de un minuto de pensar me levanté y le dije a mis compañeros que me iba al camarote. Las risas de gran parte de la tripulación no se hicieron esperar mientras me deseaban “buen provecho”.

    La noche en el mar austral es cerrada, negra, hermosa. Sintiendo el intenso frío de junio en la cubierta, mirando la negrura y acompañdo por el sonido del viento y las olas imaginaba por lo que habían pasado aquellos marinos que pasaron más de 36 horas a la deriva en las balsas cuando el buque ya se había ido a pique.

    Muchos de estos hombres y los familiares de los que descansan en el fondos de estas aguas se juntaron a la mañana siguiente en la cubierta principal del buque y en una ceremonia llena de emoción recordaron a sus caídos.

    Más allá de los símbolos y rituales clásicos de estos actos la imagen que recuerdo en aquel momento era ese grupo de gente en medio de la inmensidad del mar que nos rodeaba por todos lados.

    El diario Clarín publicó una nota acompañada de una foto que representa muy bien cual era la imagen de aquel momento.

    Mientras el buque seguía su navegación las coronas y arreglos florales quedaban detrás acompañados por el llanto de los familiares y el silencio orgulloso de los marinos que sobrevivieron a aquella tragedia.

    El buque cambio su rumbo de vuelta al punto de origen y el amanecer del día siguiente nos regalo un hermoso amanecer sobre Ushuaia y la Cordillera de los Andes.

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    One Response to “Islas Malvinas: Homenajeando al Crucero General Belgrano”

    1. Camilo Says:

      Hola Padre Murphy!!

      Te dejé un comentario en mi blog (copié y pegué); sobre tu artículo de los medios como armas de doble filo. Leelo y si queres aportar… está en tu decisión

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