Desde mi ventana.
Le advierte que si no sigue con el se va a matar, llora, se queja.
A el casi no se lo escucha, apenas un susurro de vez en cuando, pero su presencia es aún más fuerte que la de la muchacha. El produjo esto.
Le advierte, lo increpa. Dejó todo por el. Cuando dice eso me recuerda viejos tiempos míos. Aprobó todas sus materias en tiempo y forma para poder pasar todo su tiempo con el…. Te amo!! se escucha varias veces. El sigue siendo una presencia muda pero inevitable, seguramente ya cansada o, lo que es aún peor, manipuladora.
Se rinde la muchacha o deja pasar un poco el tiempo y se produce el silencio. Al parecer se fueron llevando sus dramas a otros sitios.
El pequeño ladra detrás de los barrotes y a 4 metros de altura. Sus ládridos son agudos e incesantes, son agujas. Pero no estás solo en su soledad. En su pequeño espacio de un par de metros cuadrados comparte su vista con otro pequeño que no ladra, ahuya. Y entre los dos ofrecen largos conciertos de ladridos y ahuyidos que nos cuentan de la típica soledad del animal que es mascota solo en el balcón, vedado el paso a otros ámbitos.
Se trabaja de noche en la casa, se cocina aparentemente. ¿Se cortarán tomates? ¿Se filetearán cebollas, papas y batatas? Hay arreglos en la casa casi de forma semanal. Golpes en la pared, agujereadoras, serruchos, martillos. ¿Serán vampiros? Porque siempre trabajan de noche. De día en cambio es solo silencio.
Los fines de semana se escucha música, alta, muy alta. Música muy variada: clásica, rock and roll, melódica. Nunca tango o folklore. A veces dura solo minutos, a veces dura horas.
Baldean la vereda a la medianoche ¿no querrán que los veamos? La puerta de hierro envejecido se queja al abrirse y grita fuerte al cerrarse. Se escucha varias veces, son muchos, diría que cuatro por los sonidos que producen. Alguien toca la guitarra de vez en cuando, al principio fue un piano, pero solo un dia, después nunca más.
Estos son los sonidos que llegan a mi cama desde la ventana que da a la calle. Mientras los escucho recuerdo a Julio Cortázar y me atemorizo pensando que tengo mi casa tomada.






















