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    Convivencia: lo que nos falta

    Charlando con amigos concluíamos que la Ciudad de Buenos Aires, más allá de sus bellezas y atracciones se ha convertido en una ciudad compliacada para ser vivida. Y los hacedores de esto somos nosotros mismos.

    Colectiveros, taxistas, conductores particulares, peatones, vecinos comunes y corrientes a los que solo nos importa lo que nos pasa a nosotros.

    Vivo en un barrrio que solia ser, y aún lo es en general, muy tranquilo. No tengo relación con mis vecinos más allá de algún saludo ocasional, pero nada de lo que hago en mi casa perturba la vida de los demás.

    En cambio los demás parecen no pensar igual. Hay quienes escuchan música a altisimos volúmenes cualquier día de la semana a cualquier hora. Trabajan de noche produciendo ruidos que no dejan dormir todos los días durante la madrugada.

    Padres dejan que sus hijos jueguen a la pelota en la calle a la medianoche y a los gritos, pero eso sí, juegan en mi ventana a más de 50 metros de sus puertas.

    Adolescentes con autos modernos y con potentes equipos de sonido utilizan los viernes la esquina como parador y pareciera ser que a nadie le molesta. Mucho menos al Kiosco de enfrente que los surte de cervezas.

    Muchos vecinos creen que las veredas son extensiones de sus casas y dejan sus autos arriba de las veredas, en muchas ocasiones no dejando lugar para que pase una madre con un cochecito de bebes o una silla de ruedas. Y lo peor es que en muchos de estos casos son casas con garages.

    También tenemos las señoras que hacen de la vereda su jardín personal y defienden sus árboles contra los perros usando cualquier artilugio, vidrios incluídos. Ojala nunca un niño desprevenido se lastime.

    Por supuesto que no debemos olvidarnos de los que sacan a pasear sus perros y dejan los teresos en medio de la vereda.

    Por supuesto que estas son tonterías si lo comparamos con nuestras actitudes como peatones o automovilistas. No respetamos los semáforos, vamos por la banquina si la ruta está trabada, paramos sobre la senda peatonal y otras tantas barbaridades.

    Pareciera que no tenemos ni premios ni castigos. Un policía te detiene porque sobrepasaste un semáforo en rojo y cualquiera se siente con el derecho de discutirle, mucho más si son de la guardia urbana, a ellos podemos hasta insultarlos.

    Inpunidad e intolerancia ante todo aquello que no nos permita vivir como se nos da la gana.

    Un amigo me contó una vez una anécdota:

    Una anciana subió al colectivo con mucho esfuerzo, tardó. Al momento de llegar a destino el chofer debió acercarse a la vereda y la pobre mujer tardó bastante en bajar.

    Cuando lo logró el chofer la mira mientras arranca y le dice:

    -Chau viejita y ojala…. que te mueras prontito!!!!

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