Cuando almorzábamos en familia no había televisión, había radio. Antonio Carrizo terminaba ¨La vida y el canto¨ y mi viejo pedía silencio absoluto para poder escuchar la cotización bursatil y el informe del campo sponsorizado por Victor Dapiche.
De aquellos dias quedó grabada en mis oidos la publicidad que cerraba con un ¨pegadito al policlínico de San Martin¨.
Ya de adolescente esperábamos con mis amigos de siempre en la puerta de Radio Rivadavia para entrar a ver a Alejandro Dolina o en Radio Splendid a el ¨Loco de la Colina¨.
Por la noche buscaba, en una vieja radio de mi viejo, sintonizar alguna emisora del exterior por onda corta y pasaba horas escuchando programas en idiomas que no podía entender.
Mientras atendía a los clientes en el negocio de mi viejo me escapaba virtualmente del lugar cuando escuchaba a Lalo Mir y ¨Aqui Radio Bangkok¨ en aquella mítica Rock and Pop.
Mario Pergolini se hizo constante en mis mañanas cuando esperaba para ir a trabajar en el Canal y es una de las cosas que extraño al tener que laburar por la mañana.
La radio era un elemento que formaba parte de mi vida. Quería formar parte, queria ser eso.
En el año 1990 y con 18 años conocía a FM La Tribu y durante unos meses salí al aire con un bochornoso intento de programa que disfruté como pocas cosas en mi vida.
Un día terminé en un estudio de Televisión mirando un programa de radio (Imagen de Radio de Juan Alberto Badía) y aluciné con la TV. La radio quedó a un lado. Y aún hoy me arrepiento.
Aunque la TV me ha dado todo lo que tengo, siempre guardo la esperanza de hacer algo interesante en radio. Es una cuenta pendiente.






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